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martes, 18 de septiembre de 2012

Salud: Embarazo y Suelo Pélvico


Cada vez somos más conscientes de la importancia de mantener ejercitado nuestro suelo pélvico. Los hospitales comienzan a incorporar unidades especializadas exclusivamente en esto y los ginecólogos recomiendan realizar los ejercicios de kegel a fin de evitar posteriores problemas.

El embarazo, sin duda, debilita nuestro suelo pélvico (junto a otras muchas causas) y debemos ser consecuentes y trabajarlo para evitar posteriores problemas de incontinencia, desprendimientos…

¿Por qué ocurre esto? Porque nuestro suelo pélvico es como un puente colgante sobre el que descansan todos nuestros órganos. Son músculos y ligamentos que tienen que soportar una pesada carga durante todo el embarazo…



Te recomendamos consultar a tu ginecólogo cómo ejercitarlo, en qué momento realizar los ejercicios de kegel… pero para que te vayas informando te dejamos estos links:


Centrada en ti: Página de Tena Lady especializada en suelo pélvico.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Niña o niño. ¿Qué preferimos y en base a qué?


Generalmente, tanto las mamás como los papás se decantan siempre por un sexo u otro. Sus razones son múltiples y, aunque el objetivo es que el bebé nazca totalmente sano y que la madre goce de un parto sin complicaciones, que sea de un sexo determinado es una ilusión que tienen los padres.

Así, en la mayoría de ocasiones, las mamás suelen preferir que el bebé sea una niña. Primero, porque algunos dicen que son más ricas y graciosas a la hora de vestir y hacerles peinados (no hay más que ver la amplia oferta en moda y complementos disponible para niña en cualquier establecimiento, a diferencia de las limitadas opciones que se ofrecen para niño, pero eso quizá sea objeto de otro de nuestros post en un futuro) o también para poder cederles las muñecas y juguetes con los que ellas disfrutaron durante su infancia.

Ellos en cambio suelen preferir que el futuro bebé sea un niño. Supongo que se trata de una simple cuestión de ego ante la posibilidad de perpetuar y mantener para la posteridad el apellido familiar. También puede deberse a la mayor probabilidad de compartir gustos o aficiones en caso de que el bebé sea un varón, como a la hora de poder llevárselo o jugar al fútbol, el gusto por los coches, la afición por las mujeres o, simplemente, por tradición, ya que antiguamente era el varón (a ser posible también primogénito) el que se hacía cargo de la hacienda y de todos los bienes de su progenitor. A las niñas sólo les quedaba de este modo, conseguir un buen casamiento o, en su defecto y en caso de quedar solteras, tomar los hábitos o permanecer al cuidado de sus progenitores para cuando estos fueran ancianos. En materia sexual, y ya llegada la adolescencia, muchos padres también consideran de forma errónea que un varón está más protegido a la hora de hacer frente a posibles embarazos no deseados, ignorando de este modo el hecho de que se trata de una responsabilidad compartida entre hombre y mujer. También hay quien piensa que los niños cuando son mayores son más conflictivos que las niñas.

Curiosamente, según datos del Instituto Nacional de Estadística relativos a 2011, el año pasado se produjeron un total de 469.892 nacimientos en nuestro país. De ellos, 242.252 fueron varones y 227.641 hembras. Un año antes, en 2010, la cifra de nacimientos en España fue de 486.575, de los cuales 250.727 fueron niños y 235.848 niñas. En base a estas cifras, al margen de confirmarse un descenso en el número de nacimientos, se demuestra que estadísticamente ellos alcanzan la superioridad numérica, a diferencia de lo que cree una inmensa mayoría de la población.

Más allá de datos, cifras y creencias populares, lo cierto es que tanto niño como niña presentarán los mismos problemas: Un hijo/a; un problema, dos hijos/as; dos problemas; tres hijos/as; tres problemas… y así sucesivamente.

Pero al margen de los quebraderos de cabeza que puedan ocasionar, nada hay más maravilloso que embarcarse en la aventura de la maternidad.



Artículos relacionados: 


jueves, 13 de septiembre de 2012

El sexo del bebé


Una de las primeras incógnitas que surgen en cualquier embarazo y especialmente durante las primeras semanas de gestación es el sexo del bebé. ¿Es niño o niña? Es la pregunta más usual cada vez que la futura mamá comunica a alguien su estado de buena esperanza.

Antiguamente dicha respuesta era uno de los enigmas más fascinantes de todo el proceso y los futuros papás sólo veían resuelto el misterio tras ver aparecer a su esperado bebé en el momento del parto. Con tanta intriga, no es de extrañar que entre nuestras abuelas y bisabuelas se extendieran todo tipo de especulaciones y creencias populares, relacionadas con la forma de la barriga (si era puntiaguda era un niño, si era redondeada era niña; si estaba alta era niño, si era baja, niña); el aspecto y belleza de la futura mamá (si durante el embarazo la madre aparecía radiante y favorecida se decía que sería un niño, si en cambio se veía demacrada y desmejorada era niña); o el tipo de antojos (si el antojo era de algo dulce, era niña; si era salado, niño), entre otros muchísimos mitos propios, a mi juicio, del folclore popular.

Afortunadamente, la ciencia y las técnicas de diagnóstico prenatal han avanzado mucho desde entonces y, hoy por hoy, aunque no podemos conocer el sexo del bebé desde el mismo instante de la fecundación (momento a partir del cual se determina el sexo masculino o femenino en función de la presencia o no del cromosoma Y en el espermatozoide), sí podemos saberlo casi a ciencia cierta a partir de las 14 semanas a través de una ecografía o, con total exactitud, mediante la amniocentesis (a las 15 semanas de gestación) o la biopsia corial (entre las semanas 10 y 14).

Hasta ese momento todo serán especulaciones tanto dentro como fuera del seno familiar y, sin duda, la pregunta más frecuente será ¿Y tú qué prefieres?

lunes, 6 de agosto de 2012

La importancia del pañal

Según la definición de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), el pañal es una tira de tela o celulosa absorbente que se pone a los niños pequeños o a las personas que sufren incontinencia de orina. Su objetivo principal, en base a dicha definición, sería pues garantizar una buena filtración con el fin de mantener seco el culito de nuestro bebé. Si bien es cierto que una buena absorción prima a la hora de elegir este producto, debemos tener en cuenta otros factores que resultarán clave a la hora de lograr la máxima eficiencia del pañal.

Transpiración, ajuste al cuerpo, suavidad al tacto del tejido interior para evitar rojeces e irritaciones o neutralización del olor son otros de los elementos a considerar si queremos que nuestro bebé esté siempre seco y cómodo. Unas cualidades que no siempre encontramos agrupadas en una misma marca, lo que lleva a los papás a una continua y desesperada búsqueda de pañales --basada casi siempre en el binomio “prueba-error”--, que a menudo resulta infructuosa y obliga a esos desesperados progenitores a quedarse con la marca inicial. Ya lo dice el refrán: “Más vale malo conocido, que bueno por conocer”.




Uno de los principales errores que cometen especialmente los papás primerizos consiste en el hecho de fundamentar la elección del pañal en el precio-imagen de marca del producto. Parece que lo más caro es mejor; y tendemos a asociar el escaso valor de un paquete de pañales con una mala calidad de estos, especialmente si no somos expertos en la materia. Así, seguro que si salimos a la calle a realizar una encuesta sobre pañales y preguntamos a cualquier persona cuáles considera que son los mejores, la mayoría responderá lo mismo: los Dodot (o “dodotis”) de toda la vida. Y es que, desacertadamente, el ser humano tiende a confundir la calidad con el precio y con la buena o mala imagen de la que goza una marca en base a la publicidad y a los atributos que en ella se promueven sobre el producto.

Lejos de lo que piensan algunos y muy en contraposición con esta errónea teoría, lo cierto es que podemos encontrar en el mercado productos con un precio bastante asequible, que ofrecen una excelente absorción y que además tienen en cuenta las características que detallábamos al principio de este post (transpiración, ajuste al cuerpo o suavidad del tejido interior).

Está claro que cada niño es un mundo y que lo que resulta bueno para unos bebés, no lo es en absoluto para otros. Lo mejor es probar, pero también es recomendable dejarse guiar por los sabios consejos de amigos o familiares que ya han pasado por la misma situación; leer artículos relacionados con el tema, y escuchar.

Y para arrojar un poco de luz sobre este asunto y aportaros un poco más de información, aquí os adjunto un enlace con un estudio de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) donde se analizan 11 tipos de pañales desechables con unos resultados que sorprenderán a más de uno.